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Escrito por Jose Luis Contreras
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Sábado, 06 de Marzo de 2010 15:42 |
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Cómo hablar con los niños del terremoto |
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Escrito por Administrator
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Viernes, 26 de Febrero de 2010 18:02 |
Las actividades temerarias que se llevan a cabo en la infancia contribuyen a abrirnos los ojos, a que le perdamos miedo al mundo. MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO / EL PAÍS - Cultura Desde el célebre arranque de Anna Karénina sabemos que todas las familias felices se parecen y que las desdichadas lo son cada una a su modo. Pero hay algo en lo que tanto las dichosas como las desgraciadas coinciden, sea cuál sea el ámbito en que se desarrollan: la protección de los hijos. La intensidad de esa protección es lo que ha variado extraordinariamente a lo largo del tiempo, y sigue haciéndolo de uno a otro contexto. Cuando yo era niño montaba en bici sin usar casco, usaba un tirachinas con el que logré notable precisión y encendía hogueras en la playa, igual que los exploradores de las películas hacían en la selva con el fin de mantener a raya a los animales salvajes o a las sanguinarias tribus hostiles (los niños de entonces éramos incorregiblemente colonialistas). Todo eso ocurría al menos durante el verano; de vuelta a la ciudad mis libertades -igual que las de mis amigos- eran severamente cercenadas, y ya no podía jugar en la calle. La infancia siempre ha sido la edad más peligrosa. Es cuando más se aprende, y no hay aprendizaje que no implique riesgo. Además de divertidas, las actividades temerarias que se llevan a cabo en la infancia contribuyen a abrirnos los ojos, a que le perdamos miedo al mundo. Transgredir las medidas cautelares con las que los adultos protegen a los niños es, a veces, aunque a los primeros les cueste reconocerlo, un modo de explorarlo. Los mejores padres también lo saben (recuerdan su infancia) y enseñan a sus hijos a comprender la diferencia entre peligro y riesgo, entre prudencia y cobardía, suministrándoles saber y consejo, no desconfianza o aprensión. Los padres, digamos, suficientemente buenos son aquellos que entienden (aún a costa de cierta angustia) que sólo asumiendo pequeñas responsabilidades (por tanto, riesgos) los niños crecen. La sobreprotección de los pequeños es un preocupante problema de las sociedades avanzadas. En EE UU el deseo desmedido de evitarles a los hijos los peligros del mundo -que se resuelve en una exagerada "infantilización" de la infancia-, puede llegar a alcanzar extremos grotescos, incrementando artificialmente la vulnerabilidad de los niños. Una profesional acostumbrada a batirse el cobre en el implacable mercado laboral estadounidense me comentaba hace poco sin pestañear que no pensaba permitir que su sensible hijo acudiera a la ceremonia de entrega de premios de su colegio: no deseaba que los triunfos de sus compañeros crearan en su hijo una sensación de frustración o de duda en sus propias capacidades. Quizás por todo ello resulta más explicable la intensidad del debate que ha provocado en EE UU la publicación de Fifty Dangerous Things You Should Led Your Children Do, de Gever Tulley y Julie Spigler, un libro que, tras ser categóricamente rechazado por muchas editoriales y ser finalmente editado a cuenta de sus autores, lleva camino de convertirse en un éxito de ventas. Las "cincuenta cosas peligrosas" que los padres "deberían permitir que sus hijos hicieran" son muy simples: desde encender hogueras hasta trepar por los árboles, desde desmontar aparatos eléctricos a conducir (acompañados) el coche familiar por un descampado. Nada que no hicieran o pudieran haber hecho Guillermo Brown y los "Proscritos", aquellos admirables héroes de mi infancia. Detrás de todo ello no está el capricho o la imprudencia, sino la idea de que el conocimiento se basa en la experimentación, y ésta implica libertad, sorpresa y riesgo. El objetivo debe ser enseñar a los niños a amar la vida -no a temerla-, permitiéndoles la autonomía suficiente, aunque eso implique un margen (controlado) de riesgo. Y es que, como decía Sartre (Las palabras) a propósito de la paternidad, qué bien está hacer hijos, pero qué iniquidad es "tenerlos". Pone subtìtulos en español Tomado de Intramed |
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Actualizado ( Viernes, 26 de Febrero de 2010 18:18 )
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Escrito por Jose Luis Contreras
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Sábado, 09 de Enero de 2010 14:31 |
Texto elaborado entre una maestra y un médico sobre un problema nuevo de salud pública: la medicalización del fracaso escolar. Con los medicamentos y los tratamientos psicológicos el fracaso escolar se transforma en un problema médico, en una cuestión que no atañe ni a la escuela ni a la familia, ni a los maestros ni a los padres. De esta forma lamentable se excluye la verdadera respuesta (y se transforman terriblemente las vidas de niños sanos que devienen en falso enfermos). |
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Actualizado ( Viernes, 29 de Enero de 2010 00:55 )
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Escrito por Jose Luis Contreras
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Miércoles, 08 de Julio de 2009 14:18 |
La preocupación sobre posibles alteraciones cardiovasculares y psiquiátricas del metilfenidato así como los posibles efectos a largo plazo, ha llevado a la EMEA a revisar la información disponible hasta la fecha (ver también preguntas & respuestas). En sus conclusiones, la EMEA indica que metilfenidato sigue siendo un medicamento útil en el tratamiento del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en las indicaciones y condiciones de uso autorizadas y los beneficios esperados del medicamento superan los riesgos potenciales del mismo. No obstante, considera necesario unificar las advertencias sobre su seguridad en el seno de la UE. Por otra parte, publica un borrador de la futura Guía para la investigación de medicamentos para el tratamiento del TDAH: En la nota, que ha difundido también la AEMPS, se expresa que el uso de metilfenidato puede verse asociado a alteraciones cardiovasculares y psiquiátricas, por lo que es necesario valorar a los pacientes antes de iniciar el tratamiento y durante el mismo. Asimismo, informa que: |
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Escrito por Cynthia Gonzalez
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Martes, 23 de Junio de 2009 22:51 |
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Escrito por Jose Luis Contreras
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Miércoles, 08 de Abril de 2009 09:54 |
 | TRASTORNOS DEL HABLA Y DEL LENGUAJE INFANTIL Autores: Dra. Lillian Bolte, Residente Pediatría PUC Dra. Pamela Rojas G., Médico Familiar PUC INTRODUCCIÓN Los trastornos del habla y del lenguaje infantil suponen distintas entidades; las que según el artículo anterior, y en términos muy generales pueden clasificarse en: -Trastornos del habla (dislalia, espasmofemia, farfulleo)
-Trastornos del lenguaje (retraso simple del lenguaje, disfasia, afasia)
-Trastornos de los órganos fonoarticulatorios (hipoacusia, disglosia, disartria)
-Trastornos psicolingüísticos (autismo, mutismo selectivo, retardo mental) En los niños, las condiciones patológicas más prevalentes son: -Trastornos psicolingüisticos (2,2% niños)
-Disfasia o Trastorno Específico del Lenguaje (1,5% niños)
- Hipoacusia (0,3% niños) |
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Actualizado ( Lunes, 13 de Abril de 2009 09:07 )
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Escrito por Jose Luis Contreras
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Sábado, 04 de Abril de 2009 22:27 |
Una de las páginas más útiles para buscar información sobre medicamentos y lactancia: E-Lactancia del Servicio de Pediatría del Hospital Marina Alta de Denia. Se puede consultar por principio activo de una forma ágil y útil. |
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Escrito por Juan Gonzalez
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Sábado, 29 de Noviembre de 2008 00:15 |
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