Joaquín Montero
Fuente: La Tercera, Ideas y Debates. 30 de junio de 2010.
El ex Presidente Lagos, al proponer el Régimen de Garantías Explícitas en Salud en 2002, planteó un nuevo modelo, en el cual la Atención Primaria en Salud (APS) alcanzaría una importancia preponderante. Esto, no sólo a través de equipos médicos con un enfoque familiar que se harían cargo del cuidado de la salud y del tratamiento de la morbilidad, sino también con tecnología y equipamiento adecuados para trabajar en red con la atención de especialidad.
Desde esta perspectiva, la reforma buscaba disminuir la inequidad existente, enfrentar los desafíos del envejecimiento y de las enfermedades crónicas mediante la entrega de servicios acordes con las expectativas de la población. Sin embargo, ninguna de las leyes que constituyeron lo medular de esta transformación consideró mecanismos específicos para fortalecer la APS. Es así como hoy, a cinco años de la puesta en marcha del Plan Auge, la atención primaria está debilitada y con riesgo de colapsar, producto de las mismas exigencias de este conjunto de garantías.
Los resultados cuantitativos del Auge son impresionantes. Según Fonasa, a junio de 2009, más de cuatro millones de beneficiarios han sido atendidos, demandando 7.619.138 prestaciones desde 2005. El 81,4% de ellas ha sido resuelto en la atención primaria. Así, las demandas sobre la APS han crecido sustancialmente a raíz de la reforma, lo que la ha desestabilizado, ya que los recursos se han destinado a responder las obligaciones del Auge, en vez de avanzar hacia un fortalecimiento de la atención primaria.
Si bien existe un claro avance hacia la cobertura universal, lo que ayuda a explicar la satisfacción con el Auge, la atención primaria sigue estando crónicamente desfinanciada. Distintos estudios reconocen un déficit permanente cercano al 20%. Los municipios con recursos propios (la minoría) pueden cubrir dicha diferencia, pero el resto no logra hacerlo, lo que se traduce en una postergación de los servicios asistenciales básicos. A esto se suma una carencia de médicos y especialistas en medicina familiar que se suple con profesionales extranjeros, cuyo número se estima en un 50% del total que trabaja en servicios primarios y que, según evaluaciones como el Examen Médico Nacional 2010, están insuficientemente preparados.
El modelo de APS propuesto se ha desvirtuado, privilegiando atenciones de patologías y alejándose del diseño original de equilibrar el cuidado de la salud con la resolución de enfermedades en integración con las redes locales. En términos médicos, ha sufrido una "iatrogenia" (alteración dañina del estado del paciente producida por el médico) mayor e inesperada por la misma reforma que la situaba en el centro de ella.
Considerando que una atención primaria fortalecida favorece la equidad y la salud, es necesario restablecer su importancia reforzando la gestión local, así como su coordinación con la red sanitaria pública. Asimismo, es imperioso evaluar el efecto del Auge y, desde ya, reorientar fondos del mismo plan para contar con recursos humanos competentes y gestores locales que fortalezcan el modelo de atención, haciendo posible que la prevención de lo evitable sea un hecho cierto y la promoción de la salud, una realidad creciente.
Todo este proceso requiere decisión y liderazgo gubernamental, parlamentario, gremial, municipal y académico. El actual gobierno ha manifestado su voluntad de avanzar en este sentido. Ojala dé pasos sustantivos y no quede sólo en el papel el compromiso de situar a la atención primaria como un pilar de la salud de los chilenos.
Descargar